Mi nombre es Manuel José Muñoz CEO de la empresa murciana Muñoz y Pujante, empresa dedicada al i+D y desarrollo de saborización en industrias, colectividades y cocinas, principalmente mediante especias y fabricantes de pimentón. Me estreno como columnista para este medio con unas reflexiones sobre el desperdicio alimentario y expongo ahora algunos datos para remover conciencias:
Tendemos a culpar a otros, pero es mucho lo que podemos hacer por nuestro mundo, con pequeños gestos todos los días. Os dejo algunos ejemplos:
Cuando era un niño, en mi casa la norma era: ¿qué comemos hoy? Lo que haya que gastar. Lo que empresarialmente viene a ser un FIFO en toda regla.
Quedó tan enraizado en mis hermanas y en mí cuando éramos unos niños, que lo primero que hicimos cuando empezamos a trabajar en la empresa familiar fue crear sistemas para reducir los desperdicios al máximo.
Por eso, evitamos que las cosas caduquen. Somos exigentes con el FIFO (el equivalente en casa a chequear el frigo y mirar que vas a comer hoy para que no caduque y que no termine en la basura). Y buscamos mercados donde un producto menos apetecible visualmente sea valorado y no rechazado, (lo que viene a ser: lo feo también puede estar bueno).
Y es que, ¡SORPRESA! Es lo más rentable en una empresa alimentaria y es lo más rentable en nuestras casas. ¿Qué por qué es lo más rentable? Aquí una reflexión.
El gasto medio anual por persona en alimentación son aproximadamente 4.600 euros. Imaginaos, una familia de 3 personas gastaría 13800 euros anuales; si tiramos el 40%, estás tirando a la basura 5520 euros. ¿Te parece rentable ahorrar esa comida? ¿Eras consciente si quiera de estos datos?
Personalmente una de las cosas que más me duele, son los rechazos por aspecto físico. Los vegetales son plantas y pueden estar sometidas a factores medioambientales o productivos que cambian su aspecto físico, pero no su sabor ni calidad y me duele no poder comprar este tipo de productos por su rechazo en el mercado y la educación en la perfección que hemos generado estos últimos años.
Desgraciadamente estamos perdiendo esa generación de abuelos que vivieron una guerra y que nos enseñaron a no tirar comida. Hemos tenido la suerte de vivir en la abundancia, pero es que esa abundancia esta generando serios problemas de los que no somos ni conscientes.
Tenemos que poner soluciones, y pueden ser hasta divertidas. Yo a mis hijos les estoy enseñando que las cosas no hay que juzgarlas por su aspecto, sino por su sabor. Como ejemplo, esta foto adjunta al artículo.
Varios tips que utilizo para evitar el desperdicio:
El mundo necesita un cambio y me alegra ver que en el mundo empresarial estamos creando empresas para recuperar materiales y evitar el desperdicio alimentario. ¿Es altruista?, os digo que no, pero es rentable y es bueno para el mundo. Así que ojalá muchas más empresas crezcan en esta línea.
No echemos la culpa a otros y mirémonos a nosotros mismos, el usuario final somos el 40% del problema y tenemos el derecho y la posibilidad de hacer mucho con poco y encima resultará rentable para nuestra bolsillo. ¿Empezamos?
Nota: Agradecer a María J. herrero que me ayudó en la búsqueda de algunos de los datos que sobre los que reflexiono en este artículo.
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