Ante el estreno del nuevo documental sobre la vida de Rocío Carrasco: “El precio del silencio”, se vuelve a abrir el melón sobre el decadente tratamiento que le dan los medios a aquellos casos de violencia de género que van más allá de una noticia de no más de 30 segundos en el telediario. Será precisamente por esto, porque no estamos acostumbrados a ponerle cara y afrontar el hecho de que son personas y no un simple minuto de silencio, o simplemente porque no estamos preparados como sociedad para ponerle la etiqueta de “violencia” a algo que teníamos demasiado normalizado. Pero lo preocupante es, como sigue siendo todavía objeto de debate el relato detallado de una mujer que a base de pruebas, ha demostrado ser víctima de violencia de género.
Para entenderlo todo, hay que volver al 21 de marzo de 2021. Ese mismo día se estrenó el primer capítulo de la primera docuserie protagonizada por Rocío Carrasco titulada: “Rocío. contar la verdad para seguir viva”. En un principio, se vendió como uno de los temas del año para la prensa rosa del país, y es que, la protagonista iba a hablar por primera vez en años, entre otras muchas cosas, sobre la inexistente relación que tenía con su hija. Pero a los pocos minutos, el documental que iba a ocupar unas cuantas portadas antes de ser olvidado, desencadenó todo un movimiento social y feminista que provocó que subiesen las llamadas al 016 en un 61%. Y por desgracia, todo esto le quedó bastante pequeño al mundo del periodismo del corazón.
Que conste que desde mi punto de vista, todo el odio y desprecio que recibe este ámbito periodístico de parte de compañeros de su propia profesión viene de un complejo de superioridad bastante anticuado, pero en esta ocasión sí que es cierto que trataron el tema de la peor manera posible en muchas ocasiones.
En algunos programas de la propia cadena que anunciaba el documental como toda una revolución feminista, comentaban la problemática como si fuese un reality del tipo “Supervivientes” o “La Isla de las Tentaciones”. Es decir, simplemente fingían que no estaban ante el relato de una víctima de violencia de género y se limitaban a juzgarla a ella como mero personaje público, y eso tiene como resultado que se dijesen barbaridades tales como: “si alguien quiere matarse de verdad se sube a un séptimo piso o se pone delante de un tren”, refiriéndose al intento de suicidio que Rocío relata en el documental.
O sobre la agresión que sufrió por parte de su hija, inducida por su padre, escuchamos cosas como: “Una madre agredida por su hija ha de quitar hierro”. Este colaborador del programa de Ana Rosa Quintana parece poseer el manual de cómo debe de actuar una buena madre, pero me pregunto si también tendrá el de cómo ser un buen padre, y si se lo aplicará a él mismo.
También he de romper una lanza a favor de la cadena, y es que parece haber aprendido de parte de sus errores cometidos en el pasado. En este nuevo trabajo documental podemos observar como todo el mediático entorno de Rocío fue cómplice de su maltrato, e incluso participó en el. En esta ocasión, salta a la vista el cambio de colaboradores allí presentes que comentan los capítulos en el mismo plató después de su visionado, todos ellos, o son entendidos en la materia como las periodistas Ana Bernal Treviño y Paloma García Pelayo, o son personas cercanas a la protagonista como Carlota Corredera y Belén Rodríguez. ¿Por qué digo que esto es una apuesta acertada a la hora de tratar el caso? Porque permite a la audiencia escuchar valoraciones y comentarios bien argumentados que ayudan a comprender la situación que ha vivido tanto Rocío, como el resto de víctimas de la violencia machista.
Pero esto no fue siempre así, ya que en “Rocío. contar la verdad para seguir viva”, te hartabas a oír clichés sumamente misóginos sobre este tipo de víctimas cuando ciertos “colaboradores” abrían la boca para hablar de algo de lo que no tenían ni idea.
De una forma o de otra, es innegable que era necesario que algo como este documental hiciera acto de presencia en una de las cadenas de televisión más vistas del país. Ya sea para evidenciar que todavía nos queda un largo camino que recorrer en materia feminista, o para abrir los ojos a decenas de mujeres que se sintieron identificadas con el relato y decidieron descolgar el teléfono y pedir ayuda. Hay ciertos partidos políticos que prefieren ignorar lo evidente y pretenden hacernos creer que la violencia no tiene género, y es que como dice Rocío Carrasco: “perro no come a perro”, frente a esto Rigoberta Bandini canta: “nadie nos puede prohibir ladrar”.
31 de Mayo, 2023
Pregunto: ¿Tú escuchas música o la disfrutas?Hace unos años, con motivo de su 20 aniversario, la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia organizó un concurso. El premio consistía en poder di...26 de Mayo, 2023
¡Hola! ¿Cómo estás?Hoy quiero hablarte sobre amor propio porque me da la sensación que hemos menospreciado el término, hablando de él cómo si fuera algo simplemente relacionado con mirarse al ...25 de Mayo, 2023
Septiembre de 1914. Mientras en la lejana Europa central se asestaban ya los primeros golpes de la Gran Guerra, en el Teatro Romea, ajenos a la batalla, los murcianos asistían al estreno la obra ‘L...26 de Abril, 2023
Dice la RAE de “atalaya”: 'Torre hecha comúnmente en un lugar alto, para registrar desde ella el campo o el mar y dar aviso de lo que se descubre'.Y precisamente en una atalaya, con unas privileg...10 de Marzo, 2023
Mi padre viajaba de domingo a viernes, durante la mayor parte de mi infancia, y aunque sé que lo hacía por su familia no puedo dejar de pensar en el tiempo que no nos pudo dedicar. Si algo bueno ...