Despertamos del letargo invernal en una Región de Murcia que ofrece un sinfín de posibilidades y de planes que realizar los próximos días. Una amplia propuesta que no dejará indiferente ni a los visitantes que acogemos gustosamente, ni a los propios murcianos que nos seguimos maravillando año tras año de nuestro variado patrimonio natural y cultural.
El Centro Universitario The Open Faculty, sede de la Facultad de Turismo de la Universidad de Murcia, propone un abanico de opciones para disfrutar del clima primaveral tan propio de esta tierra donde la diversidad ambiental y paisajística, convierte a este territorio en único en toda Europa.
Además, serán estas fechas de Semana Santa cuando la conjunción de lo religioso, lo artístico, lo tradicional y lo popular se vean aupadas a lo más alto, viéndose todas estas dimensiones unidas en perfecta simbiosis en cada uno de los municipios que integran nuestra comunidad autónoma. También, la oferta gastronómica de la Región de Murcia se convierte en un apartado insalvable a la hora de entender este territorio.
La tradición invita a los católicos a no comer carne los viernes de Cuaresma, así como los días importantes de la Semana Santa, pero lejos de resultar un inconveniente, el ingenio popular murciano ha sabido recopilar un abanico de platos, a cuál más rico e interesante.
A partir de las nueve de la noche, la agenda nos lleva al municipio de Las Torres de Cotillas asistiendo a la procesión del Cautivo y la Virgen de la Esperanza-Macarena desfilando bajo una luna que anhela plenitud, a cuyo clímax se llega al final del desfile con el encuentro de ambos pasos y la tradicional “Saeta” que envuelve de emoción a una plaza llena de fieles, visitantes y curiosos. Quienes se hayan quedado prendados de los cortejos de la ciudad portuaria, deberán acudir a la procesión de los apóstoles, donde San Juan, San Pedro y Santiago realizan otro espectacular encuentro en una velada marcada por el ambiente militar.
Volvemos a una variante de los buñuelos, esta vez en Lorca y en versión salada. Serán los buñuelos de bacalao que ya hemos extendido a cualquier época del año, pero que en Cuaresma y Semana Santa ven acrecentado su consumo. Se trata de una masa como la de los buñuelos dulces, pero sin azúcar ni canela a la que se le incorpora el bacalao desalado y desmigado. Se hacen bolas que son fritas en aceite de oliva y que podremos encontrar en cualquier hogar por estas fechas, así como en bares y restaurantes de esta localidad.
En Lorca, el sendero del Cejo de los Enamorados recorre la umbría de la Sierra de la Peñarrubia en un atractivo y fácil trayecto de monte que culmina bajo el impresionante farallón rocoso que da nombre a la ruta. Nada mejor que aprovechar la visita para conocer el Castillo de Lorca, desde donde se inicia el sendero.
La actividad cofrade se vuelve intensa en este día. La Archicofradía de la Sangre o, como son conocidos por los murcianos, “los Coloraos”, riegan de alegría y esencia huertana toda la ciudad repartiendo manojos de habas y huevos duros mientras exponen un patrimonio escultórico de primer orden que se expone durante el año en el Museo de la Cofradía.
El paso del Lavatorio o Las hijas de Jerusalén de Juan González Moreno, conviven en magistral armonía con los pasos de Nicolás de Bussy entre los que destaca la imagen de su titular, el Cristo de la Sangre, regalando siempre una estampa inolvidable cuando cruza el Puente de los Peligros, donde parece que realmente se ha detenido el tiempo con la brisa del Segura. Si alguien encuentra al Berrugo que avise a la Policía, pues ha estado toda la noche robando habas en los bancales de la huerta.
En municipios como Águilas y Mazarrón se puede degustar un plato heredado de sus vecinos de Almería y que tiene raíces marineras, como no podía ser de otro modo. Se trata del ajo colorao y es un guiso donde la raya y las patatas son los protagonistas.
Entre Cala Blanca, en Lorca, y la Ensenada de la Fuente, en Águilas, una veintena de pequeñas calas vírgenes ofrecen un encanto especial a la franja litoral del Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre. El recorrido de las playas se puede hacer a pie desde Cabo Cope.
Los planes cofrades reparten diversas actividades por la Región en uno de los jueves del año “que relucen más que el sol”. Por la mañana se puede aprovechar en Totana para asistir al tradicional traslado de pasos y visitar la torre de la iglesia con su matraca. El Altiplano se nutre con la conocida procesión de la Amargura de Jumilla, pero también se puede acudir a la vecina localidad murciana de Alcantarilla para ver la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno revestida de profunda solemnidad.
Si buscamos una noche de profundo recogimiento y experiencia mística, deberemos acudir a Murcia para vivir en primera persona la Procesión del Silencio del Cristo del Refugio, que sale de la Iglesia de San Lorenzo, donde diversas corales entonan cánticos por el recorrido mientras la ciudad se sumerge en una completa penumbra.
Si hablamos de paparajotes totaneros, muchos creerán que es una versión del famoso postre murciano, pero nada más lejos de la realidad. En Jueves Santo es típico degustar este plato en el municipio de Totana, pero se trata de una elaboración salada donde se vuelve a ingredientes recurrentes en estas fechas, tales como el bacalao, los huevos, el pan rallado, el perejil, el ajo y los garbanzos que, una vez mezclados y condimentados son fritos en forma de albóndigas.
Junto a Totana, el Estrecho de la Agualeja. Muy cerca de la villa medieval de Aledo, este singular espacio natural está formado por un pequeño pero bellísimo cañón que el agua ha ido esculpiendo sobre la roca caliza durante miles de años.
La mañana de Murcia: Viernes Santo. Murcia es una víspera continua que espera que el primer rayo de sol despunte para que la iglesia de Jesús abra sus puertas al cortejo más esperado del año: la procesión de “los Salzillos”, excelente por la alta calidad escultórica de su patrimonio, la mejor producción del siglo XVIII. Las obras de Salzillo para la Cofradía de Jesús hay que verlas al sol murciano, apreciar los colores de las policromías y el dorado de las estofas, mientras admiramos la capacidad compositiva del genio murciano, que consigue dotar de una teatralidad y dramatismo encomiable a sus escenas.
Murcia se convierte en un inmenso teatro en el que merece la pena contemplar la procesión, por decir algunos lugares, en la plaza del Cardenal Belluga, la calle San Nicolás o la Plaza de las Flores. Otro detalle importante para una contemplación más intensa es colocarse en el lado derecho del sentido de la procesión, los murcianos de raza saben esto. Sin duda, asistiremos a la Murcia barroca en toda su esencia y dimensión.
Por la noche, hay más planes cofrades en todos los rincones de la Región, pero apostemos por dos: el desfile bíblico-pasional de Lorca, en el cual procesiona lo más destacado del patrimonio lorquino envuelto en un eterno duelo entre el Paso Blanco y el Paso Azul, que harán de nuestra visita a Lorca una noche inolvidable, un acontecimiento que hay que vivir, como mínimo, una vez en la vida. Si deseamos una procesión más íntima, podremos acudir a Cieza a la procesión del Santo Entierro, donde presenciaremos un cortejo variado que nos deleitará sobre todo parte por la calidad de su música: “A Cieza, por su Semana Santa” como reza el dicho.
Y ya que estamos en la ciudad de Murcia, los sabores de la huerta deben quedar presentes y así nos lo han hecho saber nuestros antepasados quedando refrendado en el recetario popular murciano. El arroz de vigilia o viudo es fiel testigo de la conjunción de todos estos fantásticos productos que ofrecen energía a los nazarenos sin necesidad de hacerlos pasar hambre. Como decíamos, y pese a su nombre, este arroz aglutina lo mejor de la huerta murciana: alcachofas, ñoras, pimentón, pimientos, judías verdes, tomate, coliflor y, una vez más, bacalao. Estos arroces pueden degustarse en cualquiera de las peñas huertanas que estos días comienzan a engalanarse o en los bares y restaurantes de Murcia y pedanías.
Quienes deseen disfrutar de la naturaleza alejados del ruido de los tambores y toques de burla, pueden disfrutar el Viernes Santo en la Marina del Carmolí, entre Punta Brava y la desembocadura de la rambla del Albujón, un extenso y abierto saladar costero que forma parte del paisaje protegido de los Espacios abiertos e islas del Mar Menor y que sorprende por su belleza, sobre todo al atardecer. Un paseo por la Marina nos permitirá descubrir los paisajes y los hábitats de la ribera del Mar Menor antes de su urbanización.
La programación de cofradías y hermandades es más reducida en la Región, destacando la Procesión de las Siete Palabras de Alhama de Murcia o la procesión de la Vera Cruz de Cartagena, en cuyo cortejo podemos disfrutar del tercio y trono de las Santas Mujeres portado a hombros exclusivamente por una dotación femenina de portapasos. Se trata de una procesión austera que hace honor a este día de duelo para los cristianos. Pero si lo que deseamos es una experiencia impactante, deberemos volver a Cieza para asistir a la procesión que muestra el Descenso de Cristo a los Infiernos, envuelta en una experiencia de recogimiento, silencio y fuego que danza en mortecinos resplandores durante la noche más oscura del año.
No puede faltar una Semana Santa sin unas buenas torrijas. Esto es válido para cualquier rincón de la geografía nacional y, como no, de la regional. Una vez más, hay que suministrar energía a nazarenos y portapasos, así como a los turistas que recorren las procesiones de nuestros municipios o hacen un alto en el camino de alguna de las sendas o rutas que discurren por nuestros parajes. Postre sencillo, pero donde los ingredientes sabiamente dispuestos consiguen un clásico de nuestra cocina que está compuesto por pan, leche, huevos y azúcar.
Un buen plan de sábado siempre puede llevar implícito este nombre: El pico de Revolcadores. Aunque con una cierta dureza por el desnivel, la subida a la cumbre más alta de la Región de Murcia (Pico de Revolcadores 2000 metros, Pico del Obispo 2.015 m )resulta un itinerario inolvidable por un atractivo paisaje forestal y de alta montaña. Interesante visitar en sus alrededores el valle de La Rogativa y las pedanías moratalleras de Cañada de la Cruz, Los Odres, e Inazares.
El Domingo de Resurrección la mayoría de localidades sacan sus procesiones. Entre ellas destaca la procesión del Resucitado de Jumilla, el tradicional “baile de los santos” en Las Torres de Cotillas con los estallidos de caramelos al compás de pasodobles, o la procesión del Resucitado en la ciudad portuaria, donde hay que ubicarse -con un buen regimiento de crespillos en mano- en la calle del Cañón donde esperaremos a la Virgen del Amor Hermoso para ver cómo a paso de legionario sube la cuesta bajo palio y acompañarla para cantar la última Salve, donde se dará clausura a la semana más grande del año para los cartageneros.
Llegados al último día de Semana Santa, cómo no ofrecer a nuestros visitantes una de nuestras más arraigadas tradiciones estos días que es la mona de pascua. Este dulce típico tiene sus variantes por todo el arco mediterráneo y puede encontrarse en cualquier pastelería de la Región de Murcia. Aquí, se trata de una masa dulce y suave coronada con un huevo duro que se come en familia o con los amigos en cualquiera de los parajes de nuestra Región. Además, simboliza que la abstinencia se ha terminado.
No podríamos terminar esta propuesta sin mencionar los tradicionales paparajotes. Asoman las Fiestas de Primavera en Murcia y las peñas huertanas han puesto el aceite a calentar. Una vez más, el ingenio y la sencillez se imponen a la escasez, y es que este postre donde se baña una hoja de limonero en una masa similar a la de los buñuelos, deja muy sorprendidos a todos aquellos que enfrentan sus paladares a semejante manjar por primera vez. Por cierto, no sean malos con sus invitados y díganles que la hoja no se come.
Bolvonegro un estrecho y sinuoso desfiladero de paredes verticales entre las que se encajan los ríos Alhárabe y Benamor, uniéndose para crear el río Moratalla. A unos 7 km al noroeste de Moratalla, este estrecho es una verdadera lección de geología y se recorre a través de una cómoda senda. El nombre Bolvonegro deriva de uno más antiguo, “gorgonegro”, documentado desde la Edad Media por los caballeros templarios, y que significa “garganta negra”.
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