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miércoles, julio 6, 2022

La Calle de la Acequia

Nuestra historia fluye oculta bajo el trasiego de la ciudad

Resulta ardua cuestión abordar en estas escasas líneas un tema tan denso y relevante para nuestra historia y cultura. En Murcia tenemos la enorme dicha de contar con un patrimonio que es al mismo tiempo histórico, ambiental y funcional: la red de riego tradicional de la Huerta de Murcia, que hunde sus raíces, al menos, en el S.IX-X.

Sus orígenes son algo inciertos, aunque sabemos con certeza que son los musulmanes a partir de la fundación de Murcia y hasta el S.XIII, quienes reestructuran y amplían el sistema otorgándole el peso e importancia que tiene hoy, acaso sobre una preexistencia romana que indicaría su origen latino. Una compleja infraestructura no sólo testimonio de nuestra historia etnográfica, sino la base de un rico ecosistema con una fauna y una flora asociadas, y que además, sigue en pleno funcionamiento como elemento estructural de la economía huertana. 

Acequia Mayor Aljufía
La acequia Mayor Aljufía a su paso por la Huerta de Murcia

Todo comienza en el azud Mayor o Contraparada. Este dique es la pieza clave que da inicio a la excelsa y compleja infraestructura hidráulica que riega todo el valle del Segura desde aquí y hasta la localidad de Beniel, en la frontera con la provincia de Alicante.

El símil del aparato circulatorio nos sirve a la perfección para entender todo este batiburrillo: la Contraparada (el corazón) es una gran presa cuya función es contener y controlar las aguas del río Segura, elevando su nivel para posteriormente distribuirlas a través de las dos acequias mayores (las arterias principales).

La acequia Mayor Aljufía (del árabe al-Yawfiyya, “la del norte”), que riega las huertas situadas al norte del Segura, y la acequia Mayor Alquibla (del árabe al-Qibla, “la del sur” ) que hace lo propio con los predios al sur del río. A partir de esas dos mayores nacen todas las acequias menores (las demás arterias), que se van dividiendo en hijuelas, brazales y regaderas (los capilares) hasta regar los bancales. El agua que sobra, aquella que no se haya filtrado en el terreno, vuelve de manera inversa al sistema a través de los escorredores, azarbetas, azarbes y meranchos (el sistema de venas) hasta ser devuelta de nuevo río. Se crea así un ciclo del agua en el que se aprovecha al máximo cada gota. De este modo, se consigue acercar el agua de riego a cada rincón de la Huerta de Murcia, colonizandola a través de la agricultura hasta crear un autentico vergel lleno de vida.

Vamos a centrarnos ahora en “la del norte”. La acequia Mayor Aljufía nace en la Contraparada, y tras recorrer la huerta oeste (desde Javalí hasta La Albatalía) se introduce soterrada en el casco urbano de Murcia, donde oculta bajo el asfalto y el estresante discurrir de nuestro día a día, fluye desapercibida para la gran mayoría.

Pero no siempre fue así. El lector debe saber que hasta los años 40-50 del S.XX, la actual consecución de calles Acisclo Díaz-Maestro Alonso-Santa Clara era conocida como Calle de La Acequia, y recorrida por éste canal al descubierto, a la vista y el oído de los murcianos y visitantes. Su paso dió como fruto el florecimiento de numerosas construcciones patrimoniales que se asentaron en sus orillas, ávidas del impulso y riego que ofrecían sus aguas.

Así, se construyeron los palacios islámicos al norte del arrabal de La Arrixaca (que hoy reconocemos como yacimiento de San Esteban), y más tarde los conventos cristianos (las Agustinas, las Capuchinas, las Clarisas, o las Dominicas de Santa Ana), así como las grandes fábricas de pólvora y seda. Todas ellas utilizaron sus aguas para el riego de jardines y huertos, o para impulso de sus motores. En total, más de veinte lugares de interés salpican hoy este eje patrimonial que cruza la ciudad de este a oeste. 

 La acequia Mayor Aljufía en uno de sus tramos descubiertos por la actual calle Acisclo Díaz, en una foto de principios de siglo XX. Al fondo, podemos reconocer la torre de la iglesia de San Esteban, y el edificio modernista de Los Nueve Pisos.
La acequia Mayor Aljufía en uno de sus tramos descubiertos por la actual calle Acisclo Díaz, en una foto de principios de siglo XX. Al fondo, podemos reconocer la torre de la iglesia de San Esteban, y el edificio modernista de Los Nueve Pisos.

 

Así es, la red de riego tradicional de la Huerta de Murcia atraviesa hoy el caso urbano soterrada y furtiva, negándose de esta manera su reflejo e importancia para los ciudadanos y visitantes, y ocultando su condición simbólica de hilo que teje la unión entre la ciudad y su huerta.

Soñar es gratis, así que nos está permitido fantasear con ese gran proyecto de adecuación del tráfico y acondicionamiento turístico de la antigua calle de La Acequia, en el que se devuelva la prioridad al peatón frente al invasivo vehículo, destapándose aquellos tramos de la acequia que hasta la mitad del S.XX transcurrían al aire por el viejo trazado de la capital de la Huerta de Europa. ¿Volveremos a oír el agua de las acequias discurrir por el centro de Murcia alguna vez? ¡Estoy seguro que si!

Calle Acisclo Díaz, Murcia
La acequia Mayor Aljufía en uno de sus tramos descubiertos en la actual calle Acisclo Díaz, a la altura de la Real Fábrica de Salitre.
José Carlos Ruiz Castejón
José Carlos Ruiz Castejónhttp://www.instagram.com/edificioscatalogados/
Arquitecto. Autor del perfil de Instagram #EdificiosCatalogados donde hablo sobre la arquitectura, historia y curiosidades del patrimonio edificado de Murcia. Amante de la historia y del arte. Amante de Murcia y sus tradiciones.
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