martes, abril 20, 2021
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Monumento de 5 km troceado

A lo largo de la historia, el diseño urbano de Cartagena ha estado muy ligado a sus necesidades defensivas. Los cartagineses, los romanos, los bizantinos e islámicos desplegaron sus murallas alrededor del principal núcleo de población, y así en casi todas las épocas.

Evitar la entrada del enemigo o simplemente de gentes de otras tierras, especialmente en tiempos de pandemias o lo que hoy llamaríamos toque de queda, era el objetivo principal de las murallas que se levantaron en Cartagena, como en otras muchas ciudades.

Un monumento de extremo a extremo

Ya en el siglo XX, los cartageneros solían hablar de ‘la muralla del Mar’, en referencia al frente marítimo de la construida en el siglo XVIII. Pero, poco a poco, se fueron destapando para el ciudadano otros tramos de la defensa mandada construir por el rey Carlos III; como el de la Cuesta del Batel o el Club Santiago, … El problema está en que, a pesar de ser un único monumento de unos 5 kilómetros, cada trozo ha sido tratado de una manera. Por ello, es en eso en lo que me quiero fijar, porque esta muralla es sólo una.

Pues bien, la Muralla que el rey Carlos III mandó construir en 1766 rodeaba todo el casco histórico de la ciudad, el Arsenal y llegaba al monte de Galeras. Disponía de puertas de entrada y salida, como: la del Puerto; la de San José –en lo que hasta hace poco se llamaba Plaza Bastarreche-; y las de Madrid –en la Plaza de España-. Es decir, se trataba de una misma construcción uniforme de un extremo a otro.

Durante años se pensó que el tramo de muralla que separaba el casco antiguo con el ensanche se había derribado “en aras de la modernidad y el desarrollo”. Pero cuando comenzaron a levantar el primer edificio de la Calle San Juan se descubrió que sólo había desaparecido la parte superior (el antepecho). Sin embargo, las máquinas siguieron demoliendo lo que la tierra había conservado durante siglos, pese a las denuncias de AFORCA.

Este mismo colectivo denunció y ganó al Gobierno de España por el atentado contra el patrimonio. Por ello, supuso el remate del tramo marítimo, inventado por el arquitecto Torres Nadal. Pero el daño contra el monumento sigue y seguirá visible no sabemos hasta cuándo. Una terminación más fiel a la original se le dio al tramo de la cuesta del Batel o al ubicado frente a la Casa del Mar.

Un monumento troceado

Años más tarde, las máquinas entraron en el solar de la antigua lonja y tuvo que ser la asociación juvenil Massiena la que, presentando una denuncia, logró parar la destrucción del amplio tramo de muralla que ahora se puede ver allí. Sin embargo, el baluarte no se libró de llevarse un mordisco de la pala excavadora. Además, tampoco se atendió la propuesta de este desaparecido colectivo de defensa del patrimonio para haber hecho el aparcamiento subterráneo una planta más profunda, lo que hubiera permitido devolverle la perspectiva a la muralla.

Hace unos meses AFORCA denunció que la falta de mantenimiento del tramo de la entrada a Navantia se había desmoronado, por lo que se tuvo que reconstruir.

En paralelo, concluyeron las obras de construcción de un edificio en la calle Ronda, donde se ha conservado en sótano un trozo de muralla; como se hará en otra nueva construcción que se está levantando enfrente. Unos sótanos que ni siquiera plantean unir por debajo de la calle Juan Fernández, por lo que, en caso de ser visitables (cosa que dudo, con la experiencia de yacimientos como el de la Plaza San Ginés, cerrado durante décadas), no serían nada rentables ni económica ni turísticamente. Son sótanos sin sentido con una parte de muralla concebida para estar al aire libre y declarada Bien de Interés Cultural en su categoría de monumento por la Ley de Patrimonio Histórico, que le otorga también un entorno de protección.

monumento

Reconstrucción del patrimonio

Tras este repaso sobre lo que ha sufrido la muralla de Carlos III durante los últimos años debemos preguntarnos diversas cuestiones. ¿Qué haría otra ciudad si tuviera una muralla así?; ¿Alguien cree que Ávila, Valencia o Cádiz, por ejemplo, consentirían que se construyera sobre sus murallas o muy pegado a ellas?; ¿Por qué no se ha respetado ese entorno de protección de un monumento que se ha troceado y cada uno de esos trozos se ha encajonado dentro de un edificio o un parking?

Es más, se trata de un único monumento ¿por qué la Dirección General de Bienes Culturales no ha velado por un tratamiento uniforme para su conservación?. Son muchos los responsables de esta situación a lo largo de varias décadas, pero aún hay aspectos a los que se puede poner remedio.  

Una propuesta sería excavar entre el solar de la antigua lonja y el edificio de Isaac Peral para descubrir otro tramo de muralla soterrado; que podría disponer de un entorno de protección con una zona verde a modo de foso. De esta manera, se aprovecharía el solar donde se demolió el convento de las Siervas; otro atentado contra el patrimonio que, según las autoridades del momento, iba a salvar el Casco histórico de la decadencia. Otra idea sería rescatar los elementos de las puertas de San José que hay en los almacenes municipales para reconstruirlas. Pero para esto hay que tener voluntad y mirar los 5 kilómetros como un único bien patrimonial.

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