Para frenar esas ideas de suicidio, Meghan Markle reconoce que acudió a “una de las personas de mayor rango en la institución” de la Casa Real y le “suplicó que le ayudara” a mejorar su salud mental. Sin embargo, le respondieron “que no, que no podían hacer nada” por ella. “Nunca hicieron nada, así que tuvimos que encontrar una solución”, añadió, en referencia a la decisión del matrimonio de apartarse para empezar una nueva vida fuera del Reino Unido.