domingo, junio 20, 2021
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La Covid-19 saca del mercado laboral a 10.000 mujeres en la Región de Murcia, según un informe de Fundación Adecco

La crisis originada por el coronavirus ha sacado del mercado laboral a unas 10.000 mujeres en la Región de Murcia, según se desprende del octavo informe ‘#EmpleoParaTodas: la mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral’ elaborado por la Fundación Adecco con la colaboración de cinco entidades.

Según este estudio, en la Región hay 301.000 mujeres que en estos momentos no tienen trabajo ni lo buscan, la cifra más alta de toda la serie histórica. El año pasado, el número de inactivas ascendía a 291.000.

Algunos grupos de mujeres son especialmente vulnerables a los efectos de la crisis, como las que tienen algún tipo de discapacidad, las que cuentan con responsabilidades familiares no compartidas y las víctimas de la violencia de género.

Estas “suelen ser las primeras en perder su empleo en coyunturas adversas y encuentran grandes dificultades para encontrar una ocupación en un mercado en crisis, lo que en muchos casos conduce al desempleo de larga duración y este a la exclusión social”, ha afirmado Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco.

PARO DE LARGA DURACIÓN

El paro de larga duración afecta a un 57% de las desempleadas con discapacidad, según el SEPE; a un 58% de las que tienen responsabilidades familiares no compartidas, según la encuesta Monoparentalidad y Empleo de la Fundación Adecco, y a un 47% de las víctimas de la violencia de género, según el informe ‘#UnEmpleoContraLaViolencia’, también de la Fundación.

En la Región de Murcia, la cronificación del desempleo alcanza a 24.400 mujeres. Estas situaciones prolongadas sin empleo en plena pandemia, donde la destrucción de empleo en sectores esenciales está siendo una constante, estimulan la falta de expectativas laborales y pueden conducir a los profesionales a la inactividad.

MUJERES CON DISCAPACIDAD

Las mujeres con discapacidad son la “ficha más débil” en el tablero del empleo y parten de una situación de vulnerabilidad mucho mayor, que dificulta su proceso de inclusión en tiempos de crisis.

Así, las mujeres con discapacidad representan más de la mitad de los parados (53%) pero, al mismo tiempo, suscriben menos de la mitad de los contratos de trabajo firmados por personas con discapacidad (38%).

El desempleo de larga duración también se ceba en mayor medida con la mujer con discapacidad: un 56,6% de las desempleadas acumula más de un año en paro, porcentaje superior al masculino, del 50,5%.

Según Mesonero, “los largos periodos de desempleo se convierten en un gran lastre para las mujeres con discapacidad, ya que no solo refuerzan las reticencias por parte de los empleadores, sino que conducen a una espiral de desmotivación y desánimo que dificulta su búsqueda de trabajo”.

“Ahora más que nunca, es necesario acompañar a las mujeres con discapacidad para poner en valor sus habilidades blandas, hoy en alza- esfuerzo, capacidad de sacrificio o compromiso-y minimizar las dificultades que encuentran, en forma de prejuicios y estereotipos. Si no actuamos con diligencia, su riesgo de pobreza y/o exclusión podría convertirse en definitivo”, ha agregado.

FAMILIAS MONOPARENTALES

Si las personas al frente de una familia monoparental ya encontraban importantes obstáculos para acceder al mercado laboral y compatibilizar su vida personal y profesional antes de la pandemia, hoy estas dificultades se ven “seriamente agravadas”, según Fundación Adecco.

Por un lado, las redes de apoyo de familia y amigos se han visto drásticamente reducidas, complicando aún más el reto de la conciliación e impidiendo que los hogares monoparentales puedan desenvolverse en igualdad de condiciones.

Por otro lado, una parte importante de los sectores de actividad se han visto castigados por la crisis económica, incrementándose las cifras de desempleo y la incertidumbre laboral.

Según el noveno informe ‘Monoparentalidad y Empleo’, lanzado en octubre de 2020, la mayoría de las mujeres que lideran familias monoparentales (80%) ha visto empeorar su situación laboral y económica con la pandemia.

En concreto, un 25% estaba trabajando en la economía sumergida y perdió su trabajo sin derecho a prestación; el 14% se vio afectada por un ERTE; el 10% tuvo que reducirse la jornada, agotar vacaciones o pedirse excedencia forzosa, con la consiguiente disminución de ingresos; un 2% era autónoma y/o se vio obligada a abandonar voluntariamente su puesto de trabajo, ante la imposibilidad de compatibilizar con el cuidado de sus hijos, y un 29% estaba en búsqueda activa de empleo y vio cómo se paralizaban los procesos de selección en los que estaba participando.

Por último, un 20% destacaba que no le ha afectado esta crisis, ya sea porque ha conservado su puesto de trabajo presencial o telemáticamente.

Atendiendo a la cifra de desempleo de larga duración, según la citada encuesta, un 58% de las desempleadas al frente de una familia monoparental lleva más de un año en paro, una circunstancia que deja a estos hogares en una situación crítica.

“El desempleo de larga duración en el caso de una familia monoparental no solo sitúa en riesgo de exclusión al progenitor, sino también a sus hijos, abriendo una brecha educativa y social que atrapa a las nuevas generaciones. Las políticas activas de empleo y el impulso definitivo a la la flexibilidad y conciliación son la única llave para que las familias monoparentales no se queden atrás y puedan superar esta crisis”, ha reclamado Mesonero.

VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Según el octavo informe ‘Un empleo contra la violencia’, de la Fundación Adecco, lanzado el pasado noviembre, el paro de larga duración alcanza a casi la mitad de las desempleadas que acreditan violencia de género (47%). Una circunstancia que refuerza su invisibilidad y perpetúa la situación de violencia de género en el tiempo, en la medida en que el desempleo se convierte en un freno para pedir ayuda para la mayoría de las mujeres víctimas.

De hecho, un 95% de las encuestadas en el citado informe ve en el empleo un aliado para superar la situación que atraviesa, al constituir una fuente de ingresos, de autoestima o de estabilidad emocional, además de reforzar su red de contactos.

Sin embargo, la mayoría de las desempleadas víctimas de la violencia de género no confía en encontrar trabajo en el mercado laboral de la Covid-19. En concreto, un 85% cree que tardará más de un año en encontrar una ocupación estable; un 54% prevé que la encontrará dentro de 1-2 años; un 25% cree que tardará más de dos años y un 6% llega a pensar que no la encontrará nunca.

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