domingo, junio 20, 2021
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Falta la inmunidad, el rebaño lo tenemos

Muchos se tomaron el fin del segundo estado de alarma el 9 de mayo como sinónimo de fin de la pandemia. Desconozco si lo creen firmemente o si, llanamente, les da igual. Tampoco sé si confían en que es imposible que el Gobierno o la Justicia imponga la limitación de movilidad nocturna. Cualquiera diría que son adultos conscientes de que sus actos traen consecuencias, sanitarias y legislativas.

Cientos de personas se reunieron en las calles de distintos puntos de España para celebrar el decaimiento del toque de queda este sábado. Ni distancia, ni mascarilla, ni empatía. Enarbolaban la bandera de la ‘libertad’, como si fuera sinónimo de ‘diversión’. Hacer un botellón con 300 personas sin respetar ninguna medida sanitaria no es ser libre, no se confunda. Parece que escuchar como si fuera un mantra la palabra ‘libertad’ ha hecho que muchos se sintieran realmente presos. Rehenes de un gobierno que no les dejaba salir libremente a restregarse con cientos de desconocidos y poner en peligro la salud pública.

Pero contribuir a evitar muertes no es estar privado de tus libertades. Así que si tú, lector de estas líneas, te sientes idiota por respetar las medidas indicadas por las autoridades sanitarias, piensa que has colaborado para que alguien no pierda la vida a causa de la Covid-19.

Es comprensible que los jóvenes -y no tan jóvenes- deseen ir a tomar una copa con sus amigos despreocupados por la hora en la que regresarán a casa. Es también sencillo entender que cada vez son mayores las ganas de salir sin control ni medidas. No es tan complicado encontrar el punto medio, la diversión con sensatez, el entretenimiento con seguridad. Estos actos no son un logro, ni un avance, al contrario, retrocedemos en materia sanitaria y en cuestiones restrictivas. Las flexibilizaciones con las que se progresa hacia la apertura total, se comprometen cuando hay repuntes, entonces se vuelve a endurecer. No es nada nuevo, es el combo en el que llevamos viviendo desde el 21 de junio, cuando cayó el primer estado de alarma.

A diferencia de entonces, la esperanza ahora reside en la vacunación, no tanto en la responsabilidad individual. Alcanzar cuanto antes la inmunidad de rebaño que otorgue a la sociedad española un poco de tranquilidad. Nos toca confiar otra vez en la ciencia, la única que nos va a salvar de esto.

En el fondo es muy sencillo y, por desgracia, nada nuevo en los últimos catorce meses: falta de responsabilidad social. Se olvidan de que su jolgorio desencadena muertes. Pero da igual, porque ¿y lo bien que lo han pasado? La noción equívoca de libertad, entendida como el derecho a la diversión, termina cuando el derecho a la vida de otros comienza. 

Inma González López
Periodista y redactora. Puedes leerme también en Twitter: @inmagonzalezlop
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